No hay sueños frustrados, solo dejamos de ver nuestras
metas con el mismo brillo que antes lo hacíamos, porque cualquier circunstancia,
por cualquier razón.
Dejamos de sueñar cuando dejamos de vivir, cuando el
mundo se vuelve tu perspectiva y la voz de la misma se vuelve la tuya, cuando jamás
podemos entender que el único dueño de nuestras decisiones somos nosotros como
individuos.
Cansados de tanta desilusión que dejamos tirados en el
suelo lo que en alguna ocasión estuvo en las nubes como un anhelo grande y
directo a nuestra existencia.
Aprovecha ese momento de nostalgia, esos momentos en los
cuales te sientes vivo, en los que sueñas, en los que ves una vez más esa alegría
de poder hacer lo que amas.
Porque realmente el que no siente su dolor o que
no sienta un deseo, es porque está muerto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario